Aprenda Qué Micrófonos, Consolas, Amplificadores Y Otros Equipos Necesita Para Sonorizar

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Se oían muy padre. Empezó a llegar la gente: “Oye, chavo, ¿ ”, “Pues 20 pesos”, “A ver, échamelo. Ponte otro”. Ya empezó a acercarse la gente, y ya después era un tocadero de discos. Sin querer, se hizo la vendimia. Que llega mi tío: “Quiobole, ¿ ”, “Pues estoy probando los discos y los estoy vendiendo”, “Pues está bien, síguele tocando, chingá”. Entonces pasó un hermano de las socias, y vio que yo estaba haciendo negocio con el aparato; le entró la envidia, y fue y le dijo a su hermana: “¿ Que este cabrón está haciendo negocio con el aparato que le prestaste”, “No, véselo a pedir.” Llegó este señor: “Oiga, dice mi hermana que si le regresa su aparato”. Le dije: “Ten, allí está”. Después, me dijo mi tío: “¿ Qué pasó, la música? ”, “No, pues ya se llevaron el amplificador”, “¿ Cómo, pues de quién era?

”, “Pues de las socias”, “Ahh, ¿ ”, “No sé”, “¿ ”, “Pues ahora qué, si no hay aparato”. Pero yo me clavaba mis discos y me clavaba mi lana. Cuando terminó la vendimia, me pagó mi tío; me pagaba 35 pesos. Pero también que agarro y cuento lo de mis clavelitos, y eran 800 pesos, ¡ ”, “¿Cuánto cuesta el amplificador? ”, “Allí está: 950. Está nuevecito, ¿ ”, “Pues sí, ¿ ”. Agarró una bocina de unidad de trompeta, y la conectó. ”, “No, ¿es que sabe qué? ”, “¿Cuánto traes”, “Ochocientos pesos”, “No, pues qué paso. Ponle 900 y te lo llevas”, “Es que ya no traigo dinero”, y que le saco la lana. “Ráscale, te lo voy a dar en ocho y medio, nomás pa’persignarme”. “En los ochocientos”, “Bueno, nomás porque me voy a persignar contigo, a ver, échale”. Me dio el amplificador, lo eché en una caja, lo amarré con mecates y me vine bien contento con mi factura y todo. Llegué retempranito al mercado, hasta el corazón me latía; busqué un banquito, puse el amplificador, conecté la bocina, saqué los discos, le pedí la luz al de la cremería, y a vender.

Llegó mi tío, “¿ ”, “Pues este amplificador me lo prestaron”, “A ver si no vienen a chingar para que lo regreses”. Pasaron los días, pasó una ñora y me dijo: “Oiga, qué bonito se oye ese bafle”, “No, pues es que es un amplificador”; “Y usted, aparte de que vende aquí, ¿ ”, “Pues sí”, “¿ Y cuánto cobra la hora? ”, “¿Pues hasta dónde? ”, “Yo vivo hasta la colonia Clavería, en Azcapotzalco”, “Híjole, está relejos y no tengo transporte”, “Le pago el taxi, pero ¿ ”, y de menso le dije: “Cinco pesos la hora”. No me interesaba a mí el negocio, ni sabía cuánto cobrar. “Oiga, pues está barato. Quiero unas cinco horitas, son 25 pesos; aquí están 10 pesos, le doy la dirección. Yo pago el taxi de ida y de venida. No, pues yo bien contentote, “me dejaron diez pesotes”. Pero no era por el bisne del dinero; ahora todo el mundo agarra el bisne del sonido por hacer dinero, y en esto se nace, no se hace.

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