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’”, dijo Julian Tempelsman, cofundador de Smyte, firma de ciberseguridad que ayuda a empresas a combatir el fraude y abuso en línea y a los bots. “La cantidad de seguidores es uno de los factores que toman en cuenta”. Si haces una búsqueda en Google sobre cómo conseguir más seguidores, Devumi estará entre los principales resultados. Su sitio se nota pulido y destaca sus oficinas en Manhattan, testimonios de clientes y una garantía de reembolso. Lo mejor de todo, según promete Devumi, es que los productos de la empresa tienen el visto bueno de la plataforma para la cual venden seguidores. “Solo utilizamos técnicas de promoción que han sido aprobadas por Twitter para que nunca corras el riesgo de que suspendan o penalicen tu cuenta”, asegura. Para entender mejor el negocio de Devumi, contratamos sus servicios. En abril, el Times creó una cuenta de prueba en Twitter y le pagó a Devumi 225 dólares por 25.000 seguidores; alrededor de un centavo de dólar por cada uno. Como se promete, los primeros 10.000 parecían ser personas reales. Tenían fotografías y nombres completos, la ciudad en la que se encontraban y biografías que parecían ser auténticas.

Una cuenta se asemejaba a la de Rychly, la joven de Minnesota. Pero vistas más de cerca había detalles extraños. Los nombres de las cuentas tenían letras de más o usaban guion bajo o sustituían letras tan similares que el cambio era casi imperceptible, como una ele minúscula en vez de una i mayúscula. Los siguientes 15.000 seguidores de Devumi eran más claramente sospechosos: no tenían imágenes de perfil y en vez de nombres tenían una mezcla de letras, números y fragmentos de palabras. En agosto, un reportero del Times le envió un correo a Calas para pedirle que contestara algunas preguntas sobre Devumi; Calas no respondió al correo. Twitter prohíbe vender o comprar seguidores o retuits mientras que Devumi le promete a su clientela discreción absoluta. “Tu información siempre se mantiene confidencial” dice el sitio web de la empresa. “Nuestros seguidores se ven igual que otros seguidores y siempre llegan de manera natural.

La única manera en la que alguien va a saber es si le dices”. Pero los registros de la empresa revisados por el Times revelan mucho de lo que Devumi y sus clientes prefieren ocultar. La mayoría de los compradores mejor conocidos de Devumi venden productos, servicios o a sí mismos en las redes. En entrevistas dieron explicaciones variadas: compraron a los seguidores porque tenían curiosidad sobre cómo funcionaba o se sintieron presionados para tener un número de seguidores más altos para ellos mismos o para sus clientes. “Todos lo hacen”, dijo la actriz Deirdre Lovejoy, clienta de Devumi. Aunque algunos dijeron que creían que Devumi les daba fanáticos potenciales o clientes reales, otros admitieron que sabían o sospechaban que las cuentas eran falsas. Varios dijeron arrepentirse de haber hecho la compra. “Es un fraude”, dijo James Cracknell, remador británico y medallista de oro olímpico que le compró 50.000 seguidores a Devumi. “La gente que juzga según cuántos me gusta o cuántos seguidores… no es algo saludable”.

Kathy Ireland tiene más de un millón de seguidores en Twitter, que usa frecuentemente para promocionar empresas con las que tiene acuerdos de patrocinio. Pero en enero del año pasado Ireland solo tenía unos 160.000 seguidores. El mes siguiente, un empleado de su agencia de licencias de marca, Sterling/Winters, gastó unos 2000 dólares para conseguir 300.000 seguidores más, de acuerdo con los registros de Devumi. El empleado después hizo más adquisiciones, según reconoció en una entrevista. Un análisis del Times halló que la mayoría de los seguidores de Ireland parecen ser bots. Una portavoz dijo que ese empleado actuó sin la autorización de Ireland y que había sido suspendido después de que el Times preguntó al respecto. “Estoy segura de que pensó que estaba cumpliendo con sus responsabilidades, pero no es algo que debería haber hecho”, dijo la vocera, Rona Menashe. Varios clientes de Devumi o sus representantes contactados por el Times se negaron a hacer comentarios. Muchos otros no respondieron a intentos reiterados para contactarlos. Algunos negaron haber hecho compras a Devumi.

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